Coín volvió a abrazarse este sábado 28 de febrero para despedir a su párroco. A las doce del mediodía, la Iglesia de San Juan Bautista abrió sus puertas para la misa funeral por José Amalio González Ruiz, el querido Pepe Amalio, fallecido el pasado día 26 de febrero en un accidente de tráfico en la A-7053, una noticia que el municipio recibió a primera hora de la tarde de ese jueves y que aún sigue estremeciendo a sus vecinos. El templo mayor de Coín se quedó pequeño. No había un solo hueco libre. Centenares de feligreses, amigos y vecinos quisieron estar presentes para dar el último adiós al párroco de San Juan y San Andrés, también pastor en Villa del Guadalhorce y anteriormente en Guaro y Antequera. Quienes no pudieron acceder al interior aguardaron fuera, en la plaza Bermúdez de la Rubia, igualmente abarrotada. La celebración estuvo presidida por el obispo de la diócesis malagueña, José Antonio Satué, al frente de una amplia delegación en la que se encontraba la mayoría de los sacerdotes de la diócesis. El clero malagueño arropó a la familia de Pepe Amalio en un gesto de fraternidad sacerdotal y profundo afecto. La eucaristía estuvo marcada por la emoción contenida. El dolor compartido por la pérdida se alternaba con el recuerdo luminoso de la huella que Pepe dejó en tantas vidas. Su compromiso con la juventud, su implicación constante en la vida parroquial, su disponibilidad absoluta para quien llamara a su puerta —sin distinciones de condición o credo— fueron aspectos reiterados durante la celebración. También tomó la palabra su sobrina, que puso voz al agradecimiento y al amor de la familia, emocionando a los presentes con un testimonio íntimo y lleno de cariño. Uno de los momentos más significativos llegó con la intervención de un sacerdote que compartió con él los años de seminario. En su semblanza, evocó al amigo, al compañero fiel y al pastor entregado que ya entonces mostraba una vocación auténtica y una forma cercana de entender el ministerio. En cada palabra resonaba el mismo eco: Pepe no fue un cura de protocolos ni de distancias, sino un hombre cercano, de sonrisa franca, que repetía como lema de vida aquello de «sed felices haciendo felices a los demás». Al término de la misa, el féretro fue portado a hombros por sus hermanos sacerdotes hasta el exterior del templo. Allí, en una plaza Bermúdez de la Rubia colmada de público, aguardaban sus compañeros cetreros con sus aves. Fue una imagen tan singular como profundamente simbólica: fe y naturaleza, unidos en el adiós a quien supo integrar ambas pasiones en su vida. Ante la mirada emocionada de cientos de personas, se rezó la oración del cetrero, elevando una plegaria por quien encontraba en la creación un reflejo de la obra de Dios y un espacio de serenidad. Fue un instante, roto finalmente por un largo y sentido aplauso que acompañó el último recorrido del féretro. Un aplauso que no fue solo despedida, sino agradecimiento. El agradecimiento de un pueblo entero a un párroco que supo ser pastor y amigo, guía y compañero de camino. Coín ha despedido a Pepe Amalio como vivió: rodeado de su gente. Y en ese abrazo colectivo queda el testimonio de cuánto fue querido y de cuánto permanecerá en la memoria de todos. #noticias #colectivos